Movilidad «A» y movibilidad en «B»

Tras ver Brooklyn, hermosa película basada en la novela de un autor irlandés, un director de Cork y una portentosa actriz estadounidense de idéntico origen al de los anteriores, me vino la escena de la mañana en la que dejé atrás mi ciudad. Mis padres hicieron los 120 kilómetros hasta Córdoba en el coche para volverse por su cuenta mientras yo seguía rumbo al Mediterráneo, no sin antes propinarnos abrazos y advertir a continuación por el retrovisor cómo les caía lagrimones en descarnada y armoniosa competencia con los míos. Me fui porque llevaba un tiempo en paro, acababa de aprobarse la Carta Magna, vivíamos en plena ebullición, corría el riesgo de tirarme por otros derroteros seductores cuando lo que perseguía era seguir siendo carne de Redacción e irme con el ejemplar recién salido a la cama –si además venía alguien más, ya ni les cuento– y, periodísticamente, lo que había por allí era aún menos atractivo que Donald Trump. Al segundo día de insertarme en el paradero escogido supe que era mi sitio y el llanto se borró del mapa.

Años después, la papelera Holmen invitó a componentes de esta casa a ver sus instalaciones en Estocolmo y a pescar cangrejos. Otros tiempos, sin duda, en los que hasta los animalitos estaban convencidos de que andaban p ́alante. El relaciones públicas, que parloteaba lo escandinavo como Abba, era de Málaga. En su caso se dio el piro por un amor de otro tipo. Se ligó a la famosa sueca de los sesenta, se casa- ron y, a los nueve meses de comer espetos, soltó ella que hacia los fiordos o nasti.

En la necesidad de comprobar si uno es capaz de salir adelante por sí mismo, de montarse su propia vida reside el meollo de lo que soñamos ser. Por eso cada día que pasa resulta más sangrante tener chavales desparramados en destinos forzados, mochileros diplomados que pelean con amiguetes por ver si consiguen servir y limpiar la cocina en cualquier Burger de Londres o de Dublín. Es lo que la galana llamó movilidad exterior. Esperemos que, a la mayor brevedad posible, lo pruebe.

El que ampara los incendios

Cuando se refieren a él,buena parte de los simpatizantes del pepé no lo pueden disimular: Pablo Iglesias les cae de fábula. Mejor que Willy Toledo posiblemente. Y, lo que sí es significativo, tampoco ocultan cierto hastío, una porción de vergüenza y la fatiguita que les provoca esos chanchullos que han perforado la moral de la plebe. Aunque con la de escándalos que llevamos, la perforación se antoja blanda.

Dos escenarios con sesiones paralelas nos han llenado la vista. Uno en Palma, el otro en la carrera de San Jerónimo. Y las consecuencias son de lo más divergente. Para el cuñado y yerno de reyes, la senten- cia está echada. En adelante no podrá salir a la calle, salvo en Ginebra y si anda deprisita, curiosamente el mismo país en el que anida el factor Bárcenas para los restos. Y sin embargo el máximo responsable de la organización, en la que los tesoreros han sido contables al estilo Rus y en la que una pléyade de figuras a los que el ungido por Aznar se comprometió a emular andan en la trena o camino de ella, no solo sale a la calle tan campante sino que amenaza con la renovación de su contrato al frente del combinado nacional. Cuando los creyentes de la formación suspiran porque Soraya, Feijóo, alguno de los novísimos –sin contar a Arenas, que ahí seguirá– o el sursum corda giren el rumbo para que se transforme la atmósfera reinante tan irrespirable ella, el ínclito pregona que es un activo a mucha honra y que, de aquí hasta que el nudo traiga el desenlace, será un moscón que revolotee sobre el resto de moscardones del espectro viviente. Ha anunciado que estará al acecho y que in- cluso no piensa ni dejar a Sánchez a su aire. Los suyos, en cambio, sí que parecen dispuestos a continuar en primer tiempo de saludo, saludando con aspavientos su socarronería desde el escaño y perpertuando de ese modo la presencia de quien por ignorancia o por todo lo contrario ha contribuido a atizar los incendios que nos rodean y a que las especies autóctonas estén buenas. De acuerdo, vale que su cohorte no intervenga. ¿Pero y el Seprona?