De ofrenda permanente

Será porque en verano se ve la tele de higos a brevas y los informativos mucho más, será por lo que sea, pero el caso es que siempre que me he topado a Pablo Casado ha sido por actos en recuerdo de víctimas. El primero fue en Santa Pola con ocasión de una ofrenda floral a las dos de Eta asesinadas por un coche bomba en agosto de 2002, lo que aprovechó para ponerse también del lado de los damnificados por el incendio forestal que estaba teniendo lugar en la Comunidad Valenciana y «por eso nos vamos a desplazar ahora al puesto de mando» ya que «hemos echado en falta más apoyo y respaldo humano por parte del Gobierno central y del autonómico a las 3.000 personas evacuadas».

Previamente a la disgresión arremetió contra el traslado de dos reclusos de la banda a una cárcel vasca, criticando la medida y oponiéndose a ella para los restos, mientras que Consuelo Ordóñez, hermana del concejal del pepé ejecutado en un bar de la parte vieja donostiarra, declaró, al igual que la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que, al ajustarse a la ley, no se oponía y dejó caer que siempre ha habido acercamientos y que Aznar lo hizo con casi 200 presos. Al lado del discípulo, igual aquel era un blando.

El sucesor de Rajoy al frente del partido volvió a estar ante las alcachofas tanto en la plaza de Catalunya como en Cambrils, al año del ataque terrorista en esa tierra conminando a Pedro Sánchez a responder a «los ultrajes e insultos al Rey» para dar pie a remarcar que «antes había un Gobierno que frenaba cualquier tipo de iniciativa independentista y ahora hay otro que depende de sus votos», lo que ha conducido al hombre agitar la bandera del 155. Y, por último, ha reclamado al Ejecutivo que colabore con la comisión de investigación del accidente de Spanair, la misma que siembra desconfianza entre los afectados después de una década en la que, parlamentariamente, se sienten ninguneados. Puede que, por lo que tiene encima, sea lo que Casado persigue remarcar con este itinerario: que él es una víctima.

A lomos del mestizaje

Cruzo la meseta y, después de mucho tiempo, echo mano de Carlos Cano para la travesía. Lo deseo y lo esquivo por igual porque duele, cómo duele, que se fuera tan pronto en la fase creativa más pletórica. La primera que irrumpe data del 92 y, como había hecho años atrás con La murga de los currelantes, compone para los restos otro himno al respeto y la comprensión: «Moreno pardo de cobre/criollo morisco y zambo/cambujo lobo y coyote/soy mestizo, soy mulato…y al compás de los tambores/con el vaivén de los barcos/ los negros con sus tangones/las negras con su culazos/tantos labios como flores/por grandes que sean los mares, tirititrán/nunca podrán separarnos/que tú me llegas en tu sangre/y yo te tengo en mis labios». Se encharcan los ojos y no sólo por él sino por los vaivenes que se nos vienen a diario encima subidos en olas de ruindad al son de esos pobres hombres que no sé qué se han creído cuando, subidos a la tribuna o envalentonados a través de las redes, ponen en circulación bombas de relojería. Las mismas que vienen envueltas en vídeos fabricados por niños bien que no quieren que les pertuben su estatus y que, con unos engendros de alta gama, hacen saltar las alarmas y sacuden la tranquilidad de los paisanos con los peligros que nos acechan. Yo solo he visto la masacre real. Esa en que mujeres, hombres y críos son conducidos al linde de la aldea de cualquiera de los países africanos, esquilmados por familias potentadas de la vieja Europa, y al final del paseo son fulminados. En su prólogo de «A sangre y fuego» lo dejó escrito aquel pequeño burgués liberal llamado Chaves Nogales desde la habitación de mala muerte en Montrouge en la que no pocos habían ido dejando el último aliento tras ver que la república democrática y parlamentaria arañaba su fin: «El sin patria es en todas partes un huésped indeseable que tiene que hacerse perdonar a fuerza de humildad y servidumbre la existencia. Se soporta mejor la servidumbre en tierra ajena que en mi propia casa». A ver si nos enteramos.

Levantarse sobre ruinas

Al no tener ni pajolera, me quedo ensimismado con la cantidad de fábricas y de molinos aglutinados en un municipio del Canal de Navarrés como es el de Anna cuando rondaba los dos mil habitantes. Entre el XVIII y el XIX se propulsó junto a Enguera como el foco de producción más relevante de la Comunidad Valenciana debido a que le entraba agua por un tubo con lo que no hace falta añadir que las ruinas de las fábricas de luz, los molinos, las papeleras, harineras y batanes conforman el horizonte dado que, a día de hoy, la mojama está menos seca que los acuíferos. Del caudal industrial, mejor ni hablar.

Y, sin embargo, el primogénito anduvo por allí no hace tanto y el paisaje le cautivó para los restos. Desde luego es mucho lo que subyace. En las calendas antes citadas llegó a juntarse nada menos que una treintena de fábricas a pleno rendimiento constituyendo siete áreas industriales hasta el extremo de que el pequeño municipio sobrepasó a Alcoi como centro de paños de lana abatanados y, para remate, le dio al papel de fumar. Pero gracias a las promesas incumplidas de toda la vida, la línea de ferrocarril, que llegó a proyectarse tres veces y a negarse las mismas modo San Pedro, pasó de largo perdiéndose el tren, de lo que se beneficiaron los territorios catalanes, con mejores comunicaciones y más plata para adquirir tecnología, o sea, como dirían los atorrantes de Puchi el belga, sempre discriminats, fills meus.

Toda la lana repartida junto a lo demás hasta en América se ha conocido por el trabajo concienzudo de un estudioso local llamado José Izquierdo para quien «la riqueza experimentada ha de ser difundida con vista a que las generaciones futuras sean conscientes de que hubo una época en que fuimos punteros». Observando los apuntes de lo que fue y lo que es, rechina que aún pueda existir siquiera un aborigen capaz de esgrimir que, para volver a ser el Hércules lo que fue, el más indicado no tiene por qué ser el tal Quique Hérnandez. ¡Pero, coño, si es de Anna!

Tirarse el moco para comérselo

De la agenda del increíble Sánchez, dos decisiones han sobresalido en los últimos días: que el anunciado impuesto a la banca ya no sea prioritario y la iniciativa de situar al frente del recién creado Centro África a su mujer. Con estos dos exponentes no habría hecho falta recalcar previamente que piensa agotar la legislatura. Una vez revelados ambos hallazgos, resultaba de cajón.

A las pocas horas de que la ministra de Trabajo declarase hace justo un mes que estaba convencida de que, con miras a la financiación de las pensiones, la banca sería «solidaria», ésta y las cajas suscribieron un inusual comunicado conjunto en el que hacían constar que «no parece en modo alguno razonable hacer recaer las necesidades del ingreso adicional del sistema de pensiones sobre un único área empresarial. Este gravamen singular podría tener unos efectos recaudatorios inferiores a los pretendidos y, sin embargo, afectar de forma muy negativa a la solvencia del sector». Está claro que el mensaje lanzado por Magdalena Valerio hizo mella en el núcleo duro de las entidades financieras, después de que el jefazo de aquélla se tirase el moco anunciando una subida fiscal inminente de 6.500 millones para que todo el mundo arrimase el hombro en remediar la sangría disfrutada por los habituales. El consejero delegado del Santander dejó caer amenazas veladas; el peneuve deslizó que, en Kutxabank, no quería desde luego que repercutiera el afán por equilibrar el molde recaudatorio y, de este modo, ponerse gallito a Sánchez le ha durado lo que le ha durado. En fin, guapetón, un gatillazo lo tiene cualquiera.

Aunque tras asegurar Begoña Gómez que forman un equipo, con su mujer Pedro sí ha respondido. Lo que ya es recrearse en la suerte es lanzar al secretario de Coordinación territorial del partido a decir que es «merecedora» del puesto por experiencia y currículum como si eso fuera garantía de algo para el resto de los mortales. Por Dios, tampoco hace falta que se esfuercen. Lo hemos comprendido todo.

El mercado de fichajes

Dado que el segundo de Aznarín es campeón del mundo de lanzamiento de huesos de aceituna, Cultura se ha lanzado a la yugular del ayuntamiento socialista de Cieza por no aumentar la asignación y se ha empeñado en darle el oro y el moro a los organizadores del torneo mientras el paisano Teodoro García se deja los maxilares en arrojar veneno sobre todo bicho viviente, ya sea parlamentario izquierdoso, plumilla poco de fiar o jueza tendenciosa con tal de salvar de culo del señorito. Tampoco debe entender el secretario general con marketing y gestión de proyectos por la George Washington University que al catedrático Álvarez Conde, urdidor de la trama en la que mintiendo y dejándose querer todos ganan, no se lo rifen ni se lo apropie ya Trump para sus fines. La pretemporada, que viene de aúpa.

Todo ello con el cis haciendo gracietas. Pedro Duque, que lo único que ha podido hacer es anunciar que piensa poner a España en órbita, se sale del mapa en el barómetro gracias a que sigue pensando en Marte y a que los rivales no sacan cabeza. Tras hacerse viral por cuestionar la llegada del hombre a la Luna, es más que probable que Casillas no crea que exista Pedro Duque como tal ministro, ahora que andará crecido viendo como todo quisque quiere desmarcarse de Florentino. Quienes están en posición de hacerlo, claro.

Pero, para cancerbero, Pedro Sánchez. Hace cuatro días estaba desahuciado y su partido, que amenazaba con volver a la clandestinidad, acaba de romper la barrera del sonido elevándose a velocidad supersónica, según la elaborada cocina. Si alguien no creía aún en la erótica del poder, que espabile. Y una vez que se evapora, baste con decir que hasta a Marhuenda se le ve desganado.

Siguiendo con planteles históricos, ¿saben qué ha hecho Bielsa con el del Leeds? Ponerlo a recoger basura tres horas y que valore lo que hace un seguidor a fin de pagarse la entrada. Con la estrategia defensiva empleada en otras conductas, está claro. Ha de ser un loco el que ponga cordura.

A bordo de una odisea

Ventura Pons ha realizado «Universal y Faraona», un documental sobre la Barcelona de los setenta a través del artisteo sazonado por Ocaña, Gato Pérez y Rubianes, tres cabecitas locas llegadas de Andalucía, Argentina y Galicia, que se hicieron más catalanes que el suquet de peix demostrando la riqueza de acoger mano de obra de todo tipo y condición.

Por entonces yo ejercía de noctámbulo en época de exámenes pero por la Gran Vía madrileña que, a las tres de la madrugada era un festín con los quioscos de par en par, después de tomar algo en la Cervecería Alemana de la placita Santa Ana y cenar pasta o espinacas a la crema en Casa Gades rodeado de aprendices ávidos de comerse el mundo, de periodistas ya curtidos y de gente de mal vivir en general. Sin haberla pisado apenas, Barcelona estaba presente con los efluvios emitidos al interior de la fenicia «I-span-ya», Tierra de Metales, desde el paralelo europeo por el que deambulaban Pepe Carvalho y Marsé no lejos de Monserrat Roig, Sisa, la cuadrilla de Boadella, con el Lliure a punto de despegar y Espert en lo alto, más un sinfín de culos inquietos que precedieron en el almanaque a la caída de la hoja con la movida madrileña hecha carne. Es más, hacia el final de las Ramblas el ambiente de la Puerta del Sol se veía de un provinciano que tiraba de espaldas.

A pesar de ofrecer una mirada transgresora para la realidad de hoy, lo cierto es que Ventura Pons se presentó en México ataviado con el lacito amarillo. Tampoco hace falta incidir en que, al escuchar a Llach, uno, con la memoria enganchada a la travesía que despejó las tardes grises, se pregunte perplejo si en realidad Ítaca era esto, joder. De ahí que sea preferible tirarse de cabeza a la rumba de uno de los que se bebió a morro aquella ciudad: «Hay gitanos y judíos, valencianos, portugueses/andaluces, argelinos, mallorquines y aragoneses/y unas Ramblas rebosantes de fecunda humanidad/un oasis de tolerancia imposible de ocultar». ¿Imposible, Gato? Descansa en paz, tú que puedes.

Sucesión de tomas

Durante las últimas regatas en las que participó don Juan se arremolinaban en torno a él y el borbón que no llegó a reinar aprovechaba para lanzar la mirada sobre el objetivo que le haría la noche más placentera. La singladura, que es hereditaria.

De las instantáneas de hace unos años en Marivent a las actuales, las infantas han tenido que ir separándose para rellenar el campo de tiro. Y pese a haberse levantado el manto de silencio que envolvió todos los episodios protagonizados por el hoy emérito, aún quedan tomas sin revelar. Cuenta el malvado Gregorio Morán –cara be de Fernando Ónega, autor de los discursos de Suárez y de los editoriales de Arriba, siempre al dictado de don Torcuato– que, camino del 23-F,don Juan Carlos invitó a última hora en Zarzuela a Suárez a una comida, que éste desconocía, y se encontró con la cúpula militar, por lo que agarró un mosqueo fácil de imaginar. Llegado un instante el rey dijo que iba al lavabo y los dejó solos aprovechando los uniformados para aseverar que no estaban dispuestos a que la cosa continuara así.

Aunque ahora también figura ya en cuarentena, el gran aval del monarca de la transición se diluye a ojos de los mismos a los que se ganó con las andanzas y pitanzas que han ido saliendo a la luz mientras que el marido de su hija era enviado a la sombra. Todo ello ha traído como consecuencia que, en la tradicional recepción veraniega, la presidenta socialista de Baleares saludara a Felipe VI con una amplia sonrisa ante las cámaras y que, a la salida, respaldase la iniciativa de sus socios nacionalistas exigiendo un referéndum vinculante para escoger entre monarquía y república en la que se mandara investigar al rey emérito y se reclama a la Casa Real que renuncie al palacio de Marivent. Felipe VI, por su parte, se encaramó al velero cedido a la Armada por un astillero finlandés y, según los expertos, demostró valía como timonel al mantener el tipo en los tramos a favor y en contra del viento. Más le vale esmerar la pericia para que, efectivamente, la institución no acabe a la deriva.

Con lanzador de huesos

Cuando a diestro y siniestro se apostaba porque la secretaría general del pepé quedaría en manos de una mujer, y afín a Cospedal, aznarín se la ha entregado al jefe de campaña y hombre en la sombra durante su irresistible ascensión. Teodoro GarcíaEgea, a sus treinta y pocos añitos, le da a todo. Verán, el murciano promete.

El nuevo número dos del partido en reconstrucción es ingeniero industrial y de telecomunicaciones, doctor en Robótica, diputado con márketing político y gestión de proyectos por la George Washington University -¡ejem!-, reservista alférez del Ejército del Aire y, entre sus aficiones y habilades, dedica tiempo a comprobar los códigos de cifrado de los cazas Eurofighter. A la hora de desconectar se sienta al piano o toca el clarinete en la banda de Cieza y, por dejarlo aquí por hoy, hay hueco en su despacho para un dron, le da al judo y se proclamó campeón del mundo de lanzamiento de huesos de aceituna. Todo es poco para terminar con Arenas.

Dentro de la gama, lo del lanzamiento de huesos parece una frivolidad pero, con la de frentes a los que habrá de apuntar el escuadrón Casado, la especialidad no se antoja baladí. En la constitución del comité ejecutivo nacido en Barcelona, con paseo posterior playa incluída, la primera iniciativa parlamentaria fijada será una proposición no de ley para incorporar al código penal los delitos de «sedición impropia» y la «convocatoria ilegal de referéndum», lo que a los independentistas se la trae al fresco pero no al desnortado Rivera, que es a quien va dirigido el dardo. Y aunque el dinamitador del marianismo pretende formar un «gabinete en la sombra» por si Sánchez se baja del Falcon en pleno vuelo y convoca elecciones, Casado sabe que su primer objetivo estriba en afianzarse internamente y para ello ha hecho algunos movimientos dignos de reseñar. Tiene cerca a Margallo, que él solo volvió loco a Soraya, y ha sacado a Rafael Hernando del estrado para ponerlo al frente del comité de derechos y garantías. ¡Dios santo! Cualquiera es el guapo que se revuelve.

Casado, Arenas y el tiqui taca

Ese gaditano de los pies a la cabeza que es Pepe Oneto dejó caer que el incombustible Arenas, en el mismo ave procedente del congreso, soltó: «Tendrán que contar con nosotros, que somos un 42%. Yo seré secretario del grupo en el Senado y además esto puede durar lo mismo que Hernández Mancha». Da la impresión de que, el partido, una unidad de destino en lo universal no va a ser. Algo es algo.

El día previo al cónclave en que Casado reunió a buena parte del gabinete Rajoy, el equipo de Soraya transmitió una foto descuartizando algunas pizzas con la idea fuerza de que no tenían tiempo para frivolidades y en ella se traslucía que Arenas ya sabía que dos días después no se comerían un colín: salía de espaldas sin que apenas se le distinguiera. Con ese margen de antelación da tiempo a maniobrar y Soraya se ha ausentado unas jornadas en las que el nuevo jefe ha tenido que entretenerse con los ex pero en las que ha comprobado cómo las inquietantes novedades sobre su máster en la sin par Rey Juan Carlos han ido sucediéndose. No ya es que la uni de los coj… declare que «no le constan» los trabajos del recién elegido mandamás de la formación huérfana de Cifuentes por chocar en la misma materia, es que la jueza ha imputado a tres compas del curso de Casado siendo una de ellas, que aprobó sin ir a clase y con las mosqueantes convalidaciones de marras, ex alto cargo con Camps. O sea, que posee antecedentes.

Igual se recompone, pero el pepé está en carne viva. Fue sintomático que Casado se citara con el predecesor en Santa Pola. Por la forma de quedar dio la impresión de que, en plan aznarín, tenía prisa por fundar su Oropesa con reminiscencias de Quintanilla de Onésimo y, sin embargo, hasta el día en que se empadronen Arenas and company en la villa marinera no respirará tranquilo. El tiqui taca tiene al neófito presi balompédico en el alero. Hay quienes apuestan porque ni él ni Casado ni Lopetegui se comerán el turrón. La España de las banderas puede conseguirlo.

Al aire libre

Dentro de las diversas facetas creativas desplegadas por Juan Luis Mira, si se atiende a una sola de ellas es mínimo tridimensional. Este mes llevó al festival de Almagro esa broma teatral que es Todo Lope (o casi); a continuación cruzó el charco para plantarse en el certamen internacional de Artes Escénicas sobre la Diversidad de Lima con su texto Beca y Eva dicen que se quieren y, en el reciente fin de semana, repuso en la Casa de Máquinas de la plaza de Séneca Dentro de una hora, estrenada en Las Cigarreras el pasado 25 de mayo al cumplirse 80 años del bombardeo del Mercado Central por los Savoia italianos que provocaron más de 300 muertos, en su mayoría mujeres y niños. Es decir, todo menos una broma.

Representada en esta ocasión a la intemperie, la obra arranca con los protagonistas advirtiendo al público «dentro de una hora estaré muerto» y, sin mayor dilación la manecilla del reloj se retrasa 60 minutos justo a las 10,20 de la mañana de aquella negruzca primavera del 38, en el momento en que una muchacha de renombrada estirpe musical pone su voz de ángel en el concurso de Radio Alicante y de la que el sagaz crítico del El luchador traza la fisonomía a ciegas sin dar ni una en la tecla. El autor ha traído hasta la cálida noche de este julio el periodístico esfuerzo de reconstruir las vivencias de unos alicantinos que, a esa hora, desconocían que a tantos sueños y a tantas inquietudes les restaban un suspiro. Un suspiro en el que da tiempo a escribir una carta de amor; a probar las virtudes del licor preparado artesanalmente por ese amigo que se resiste a correr hacia el refugio porque de su casa no lo saca ningún bombardero cargado de infamia y a erizarse el pelo porque un cielo así de claro cualquiera sabe qué presagia.

Presagia dolor, silencio, olvido. Presagia que, con menos vidas truncadas, Guernika sea quien se convierta en emblema de la mano del pintor. Presagia que Franco y Queipo descansen convertidos en atracción y que, aún al aire libre, el estruendo de las 11,20 deje un trago seco de amargor.