Maneras de crecer

Con motivo de la inauguración del curso escolar me empapo de la visita realizada por Letizia a su cole de la egebé. Son las maniobras que depara el subconsciente llevándome a que pase jornadas completas del Bachillerato en el mío mientras presuntamente se soba. A la reina la reciben en la puerta las autoridades, entre las que sobresale el alcalde al que días antes se le ha visto el plumero tras desdeñar empaparse de lo ocurrido y asegurar que no son malos chicos los componentes de la peña que se lió a golpes con los nacidos para sufrir. Más tarde intentó arreglarlo sin mucha fe.

     A la destacada visitante le explicó cómo curra con el alumnado de Sexto de Primaria un nominado a mejor profe nacional señalándole que andan aprendiendo a desarrollar elementos 3D con aplicaciones como TinkerCad y a proyectarlas con ordenadores y hologramas. Madre del Amor Hermoso. Si se ha improvisado para impresionar, con este estudiante sito en la España de los sesenta lo han conseguido. A continuación, la hoy en día residente en La Zarzuela se dio un garbeo por uno de los gimnasios en el que los chavales participaban en un programa de bienestar emocional del centro como forma de alternativa al recreo de toda la vida y en el que asistió a una sesión de yoga. En el mío, que bendito sea, lo más cercano a esa secuencia era la de la parte de la tropa escabulléndose hacia el final de la cola y haciéndose el longuis con el fin de que pasara de ella el cáliz de saltar el plinto y el potro, tanto monta. Pero con la sangre periodística que corre por sus venas y de que no se le escapa una ha de estar al loro de que si alguien precisa relajación mental y paz interior es el profesorado. De alcanzar el nirvana qué quieren que les diga. Habrá que dejarlo para otra vida.

      Ya no podré cumplir la ilusión de visitar aquellas aulas puesto que no existen. De haber sido alteza igual las hubiesen recreado en 3D. Algunos fines de semana la familia recargaba pilas en playas cercanas que alcanzábamos en coches de amigos de nuestros padres, Antonio y Antoñita entre ellos. Cuando falleció, él se casó con la mejor amiga de la mayor de sus hijas y, con la herencia de fondo, no volvieron a hablarse. Se me vino a la mente al toparme con los hermanos que han terminado en el juzgado al ser arrojadas las cenizas sin reunirse ambos según el deseo expresado por la madre y tras distanciarse los vástagos con la maldición del reparto. Pero lo que más miedo me dio fue la imagen compuesta por unas manos tensionadas en disputa por la urna funeraria que venía firmada por IA. Acerca del futuro de las criaturas que están arrancando y de esas otras que observan un recuerdo más vivo de su infancia que de lo que hicieron el domingo anterior, lo único seguro es que esta mujer desdeñada por sus hijos descansa en paz. 

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