Las ganas de vivir

La familia afronta este fin de semana un desafío. Un montón de plebe se reunirá en torno a la celebración de la unión de una sobrina que para festejarlo ha elegido hacerlo a bordo de un barco que navegará por el Pisuerga a lo largo de unas cuatro horas. Su abuela, junto a la pareja, es la gran protagonista de la cita. El 1 de noviembre alcanzará los 108 años de edad, siempre ha sido la que ha llevado la voz cantante en un entorno que continúa capitaneando pese a preguntarse a menudo en voz alta «pero, ¿qué hago yo aquí todavía?», lamento que desmiente a continuación con las ganas de vivir que exhibe a cada paso. Para salir a la calle utiliza silla de ruedas sin dejar atrás la botella de oxígeno. Cualquiera puede pensar que ese día los novios irán a verla en la previa y que ella se quedará tan campante con una cuidadora hasta que regrese la tropa y se lo cuente. Ya, ya. Esa es la cuestión.

     Y, con lo que se avecina, en nada dejará de ser una rareza. En torno a nuestras vicisitudes se hace saber que la población centenaria se multiplicará por 12 en España durante las próximas cinco décadas. De las 15.911 existentes en la actualidad, al alcanzar el año 2072 se rebasarán las 226.000, según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística. Como supondrán, el 80% de las personas que lo consiguen son mujeres. Por completar el mapa, para 2050 un tercio del vecindario superará los 65 tacos y los mayores de 50 serán casi la mitad del censo. Menos mal que para entonces los próceres ya se habrán puesto de acuerdo y el problema de la vivienda estará arreglado. Tengan en cuenta que, si decae el ánimo, no llegaremos a ningún lado.

     Vuelvo adonde pasto. Con los cien cargados en la mochila, la señora Esther vivía independiente en su casa. Los efectos de una caída propiciaron que los hijos se repartiesen el mes y que los dos que viven a seiscientos kilómetros cumplan rigurosamente con su turno. La rabia por la autonomía perdida la compensa con la presencia ininterrumpida de los cuatro, que no hace falta decir le da mucha vida. Conociéndola como la conocen, semanas atrás las hijas comenzaron a indagar sobre su pretensión de cara a la movida que se viene encima. La señal pulsada no ofrecía dudas: ella quiere estar donde estemos todos. Visto desde fuera puede parecer increíble teniendo en cuenta los inconvenientes que pueden presentarse a bordo para alguien en su estado, pero con la cabeza en una condición envidiable. Esta semana el acompañamiento recae en los hombros del hijo, de modo que todo quisque anda pendiente de la negociación. Las últimas noticias es que lleva una propuesta consistente en que venga al barco, pedirle al timonel que postergue la salida media hora hasta que ella se dé un baño de masas y que luego consienta regresar con una cuidadora. Dentro del ceremonial que aguarda a nadie se le escapa el verdadero reto de la jornada. Que lo difícil va a ser ese «sí, quiero».

Deja un comentario