Ha llovido torrencialmente horas y horas sobre la zona prevista, una de las que no suele librarse cuando la gota fría de toda la vida dice aquí estoy yo. Son perturbaciones atmosféricas muy bestias que la población conoce bien. Los ríos se abren en canal; el mar devuelve el agua que le llega; da miedo mirar al cielo; las calles se desbordan y cubren o arrastran aquello que encuentran al paso y las casas dejan de ser de acogida ante las incógnitas que se ciernen sobre ellas. Las alertas se dieron en tiempo y forma y los medios de emergencia están desplegados. En plena madrugada los helicópteros han efectuado rescates. Se han dispuesto albergues para quienes han visto amenazada su integridad. Dentro de la preocupación y de la angustia hay una sensación a la que agarrarse: quienes cuentan con el plácet para movilizar andan al pie del cañón. Los testimonios se suceden. Alcaldes de Gandía, Oliva, Daimús, Miramar, Pego, Denia…intervienen con serenidad y uno tras otro reiteran el llamamiento de que nadie se mueva de su refugio y que si es posible rehúyan las plantas bajas. La regidora de Piles se expresa en los mismos términos y con idéntica sobriedad hasta que su voz amenaza con quebrar al describir la situación de agobio a la que vienen enfrentándose los cientos de vecinos aislados en la zona de la playa. Deja la sensación de que si pudiera tiraba para allá, pero sabe que no debe. Las esperanzas se centran en que la intensidad de las descargas vaya amainando y que todos aquellos que han permanecido rodeados recuperen poco a poco la respiración. No obstante, se reitera el mensaje de que ha de seguir la precaución y que en el mapa de enclaves afectados, sin clases y con buena parte de las ocupaciones aparcadas, el confinamiento persiste. Los cuidadores del vecindario se la cogen con papel de fumar. No quieren descuidos. Algunos enterados se lanzan al micrófono desde los estudios habituados a repasar la actualidad a fin de sentenciar por su cuenta y riesgo que de algo sirvió lo ocurrido. Qué atentos se hallan a sacar a colación lo que les interesa cuando el país cuenta desde hace bastante tiempo con unos servicios de protección a la cabeza de los existentes y que de hecho prestan coberturas en crisis que se producen más allá de nuestras fronteras. Lo único es que cuando se vislumbra la tempestad hay que activar los planes previstos, aunque es bien sabido que el tesejota no le da relevancia alguna a este detonante. Es muy difícil estar defendido por completo.