Un estado de ánimo

Me veo con uno de los arietes que tiene el presidente de la Generalitat en la escudería para que notemos que la gestión se mueve por registros que buscan cambiarle el sentío al sur y de ahí que haya contado con telita en pos de conectarnos con inquietudes de la nueva era. Pero claro, tratándose de proyectos de tronío, todo está a medio hacer y lo que estos necesitan no hay forma de que ninguna visita al Palau se lo garantice: tiempo.

   El 2 de diciembre, con el susanazo, se les vino el requiescat in pace de golpe y dieron por asumido que, llegada la primavera, no les quedaría más que replegar velas. Estuve a punto de introducir el factor de que, como el furbo, la política es un estado de ánimo pero reparé en que tanto el oyente como su máximo jefe son madridistas perdidos y lo obvié. Con la edad nos hacemos más comprensivos aunque el hecho de que al equipo de uno no haya hoy por dónde cogerlo, también influye.

   El caso es que las cuentas de las que disponía el cuadro sociata le daba ya a finales de enero que se quedaría como estaba, lo cual, vistas las circunstancias, era considerado un logro. Y desde entonces, ya saben: el vaticinio demoscópico cada día los quiere más, lo que es difícil atribuirlo al libro de Sánchez y no tanto a la sobreactuación de los contrincantes. Ver a Casado posar junto a críos con síndrome de down y tocándole la barriguita a una embazada tras lo armado con la adopción de hijos de inmigrantes produce grima. Las cosas que salen sin parar de su boca llevan la incomodidad a algunos de los suyos a los que no deja más opción que virar a regañadientes hacia esa visceralidad. En el pesoe, cambio, han visto en Trapero a su Zizou y en el encuentro pude comprobar que la grada de animación está como loca.

   Para mi interlocutor, mayo no ofrecía ni una ventaja. Fue uno de los agitadores de adelantar al 28A, convencidos de que Sánchez no solo va a ganar sino que lo suyo arrastrará puesto que a la postre confían en que se salga del mapa. En eso coincide Ximo. Siempre le ha parecido temerario.

Corazón loco

Me acuesto viendo en la tele a Rivera deglutir tan fresco cómo el pucherazo fraguado en la cocina es una demostración palpable de que la democracia en sus entrañas hierve de lujo y no los dedazos y enjuagues que hacen otros y escuchando cómo a la pregunta de si la foto de Colón será la de un futuro gobierno, este catalán, adalid liberal, diputado en la carrera de San Jerónimo, letrado en excedencia de la asesoría jurídica de los servicios centrales de la Caixa y afiliado a ugeté replica: «También estuvimos en la del orgullo gay y en la del 8 de marzo». Y todavía se preguntaba el pobre Machín cómo se pueden querer dos mujeres a la vez y no estar loco.

   Al levantarme constato el dato de que Podemos, que siempre ha sido un lince en las redes y que fraguó su guerra de guerrillas en ellas, cuenta con la mitad de seguidores en Instagram que los fieras de Vox. Entre quienes los secundan ahí no figura el presi de Ciudadanos; en absoluto, por Dios, estaría bueno. La formación, que no es que no acuda al desparrame del orgullo gay ni al refrendo del 8 de marzo ­–a ver si van a ser los coherentes…–, sino que hacen de ello buena parte de la razón de existir y que entre otros nichos busca cazar en el de los maridos separados y rebotados con el feminismo, recibió hará un lustro algún que otro curso de cómo empaparse de las nuevas fórmulas de ocupación por parte de los especialistas de Netanyahu. Ojito, pues, con los advenedizos.

   Afeitándome certifico que en lo que se ha convertido Rivera es en gran azote de Sánchez mientras otro que nada tiene de advenedizo se erige en deshollinador del independentismo. A resultas de sus memorias, Duran i Lleida ha soltado que «Artur Mas no tiene consistencia política», que Puigdemont «es un chiflado y un iluminado» y ha sentenciado que, los que están ante el Supremo, «no se pueden ir de rositas, porque nadie lo entendería».

   Teniendo en cuenta que aún falta un mes para que llegue la primera de las campañas, me refugio en Kiss efeeme y anuncian que viene Malú. Joder, es que no hay forma.

Contra el muro de contención

Se llama Maribel Quiñones, pero un buen día se transformó en Martirio. Muy jovencita tuvo a su crío y no le quedó otra que currar de auxiliar de clínica y vendiendo seguros de puerta en puerta horrorizada por su enfermiza timidez sin dejar por ello de acudir al conservatorio. Tras las gafas oscuras se doctoró y confiesa que aquel crío es lo más bonito que le ha sucedido, mientras su Raúl afina la guitarra con la que sigue a la madre por donde quiera que vaya.

Carmen París, maña perdida aunque naciera en la costa tarraconense, estudió Filología Inglesa al tiempo que cantaba con la orquesta Jamaica por la bebecé –bautizos, bodas y comuniones–, sin renunciar a recibir una formación musical rigurosa, aunque la terminaron echando del centro porque se dispersaba con ritmos inadecuados. Tanta perversión la condujo a realizar mezclas imposibles y con su primera maqueta hubo de sortear vueltas y revueltas porque las productoras no daban con el género en el que catalogar lo suyo. Sirviendo a los americanos de la base en el bar familiar soñó despierta con lograr una beca para estudiar piano y composición en la Berklee College of Music de Boston, la mejor para el jazz, y, aunque no pudo porque no se la concedieron, ha acabado disertando sobre la influencia de nuestra música en las raíces del folklore que sí dominan los profesores, quienes han acabado grabando sus obras.

   En diferentes citas, almas por la Igualdad de nuestra uni las han traído para irradiar lo que este 8 encarna. Ambas han fusionado todas las métricas para que copla y jota no dejen de surgir resultonas y han librado mil batallas por ser ellas: libres, auténticas, artistazas. Las múltiples heridas que les ha costado forman parte de su cuajo. Lo que desprenden desde el escenario son muchos codos, entusiasmo y disfrute para engatusar al respetable con una chispa y un optimismo que no está pagado con nada. Y no solo es que estén espléndidas, es que vierten la fuerza que mujeres sencillas y comprometidas como ellas inspiran.

De ronda por el nuevo orbe

Si tras escuchar tres años atrás a la experta en Inteligencia Artificial y Big Data, Nuria Oliver, usted se hubiera quedado tan tocadete como para acercarse a pedirle un título de referencia que lo situase en la acción ella le habría señalado Sapiens. De animales a dioses, del pensador, historiador y ensayista Yuval Noah Harari. Sería extraño que, dentro del terreno en el que se mueve, la ingeniera en telecomunicaciones alicantina no fuera sobre seguro. La irrupción de este joven gurú que huye de serlo se produjo con el arranque de la década y, tras la traducción a 45 idiomas, Obama, Gates y Zuckerberg lo recomendaron al tiempo que Merkel y Macron se dejaban las pestañas por tener un bis a bis. Esto va tan acelerado que hace nueve años al gachó no lo conocía ni Dios.

   En el dataísmo, según el autor de lo que ya es una trilogía que marca pautas del nuevo orbe, «no se venera a dioses ni al hombre; adora los datos». En esa línea, Nuria Oliver ha hecho un llamamiento para que, en toda la enseñanza obligatoria, se implante una asignatura troncal «que debe incluir algoritmos, datos, redes, programación y hardware». Para los chavales, más tirado que entender los planes educativos que les suministramos sería.

   Pero las religiones crean sus demonios. Otros conocedores de la materia alertan sobre lo que tenemos encima. Para la jurista y consultora de ciberseguridad, Paloma Llaneza, «feisbuk lo ve todo y guarda hasta tus arrepentimientos que dicen de ti mucho más que lo que mandas». Como abogada versada en protección de datos, al contrastar el modo de funcionar de la red social y la información suya que recopilaba, hizo lo único que según ella puede hacerse para no andar expuesta: borrarse. «Una de las grandes cuestiones que tenemos por delante es la transparencia algorítmica», según la disidente. Noah Harari, que no rehúye el escenario, ya lo advirtió : «Cuando los Big Data me conozcan mejor que yo a mí mismo, la autoridad se desplazará de los humanos a los algoritmos». Salvo en el caso, claro, de Ángel Franco.

Qué difícil es ser normalito

En puertas de las pasadas navidades, la gira patroneada por el noi del Poble Sec fondeó en el Auditori del Fòrum. Cuando piano y violín espolvoreaban los acordes… una voz resonó desde la platea: «¡Canta en catalán, que estamos en Barcelona!». Serrat indicó a los músicos que hicieran un alto y tomó la palabra de forma severa en la lengua reclamada con tal exigencia: «Mire, siempre hay alguien que viene despistado. Perdonen, todos vamos despistados a muchos sitios. El despiste es general, es decir que no aplaudan. Esto es un espectáculo, señor, que se llama Mediterráneo Da Capo en el cual estoy repasando las canciones de un disco escrito en el 71 que integra diez canciones, todas en castellano. Entiendo que usted no lo entienda, pero va así. No es por no saber que estoy en Barcelona, lo sé seguramente antes que usted y, desde antes, estoy trabajando por esta ciudad. Le pido que me deje hacer mi espectáculo tal y como está diseñado. Le aseguro que es el primera vez que yendo por el mundo, esta puesta en escena encuentra a alguien que dice esto. Se lo digo para que pueda sentirse orgulloso. Muchas gracias».

   Un mes después, manifestantes independestistas salieron en Colliure al paso del homenaje previsto a un poeta de Sevilla y, antes de que llegara el presidente del Gobierno que venía de rendir tributo a Azaña, vociferaron a miembros de la Fundación Antonio Machado llamándoles «fascistas». Se ponen los pelos de punta.

   Serrat ha despedido febrero en el Beacon Theatre, de la neoyorkina avenida Broadway, con esta introducción sobre la marcha: «Voy a hacer una canción en catalán. Antes la voy a traducir porque algunos aseguran que no es un idioma, que solo hablamos así para que no nos entiendan. Y no. Los catalanes queremos que se nos entienda, como todo el mundo». Zoido compareció para dar cuenta de por qué sucedió ese gran alboroto en Cataluña que lo tenía ante el Supremo pero, pese a su acento familiar porque es de mi pueblo, no entendí nada. Y Machado ni les cuento.

El mareo es molt

Cuando Ximo Puig empezó de auxiliar de redacción cobraba más que su hijo décadas después, al darle a este por zambullirse en lo mismo. No solo ganaba más sino que hoy tiene las cabeceras y el resto de áreas de servicio de la Comunidad Valenciana pendientes de un titular que, pese a tratarse del profesional que es, no acaba de encajarle. Es que a veces no vean cómo se resisten, lo que posteriormente no garantiza el tino ni que uno no vaya a tirarse de los pelos una vez publicado.

   Por aquel entonces, el director envió al joven prometedor a visitar algún que otro diario para contrastar de qué forma se afrontaba el paso de tipografía a offset con tal de aplicarlo del mejor modo posible. La transmisión de noticias ha pasado a ser instantánea; la velocidad, supersónica. No obstante, el joven prometedor se convirtió en presidente de la Generalitat y, entre sus prerrogativas, figura la posibilidad de tomarse un tiempo. Y en eso está, dándole vueltas y más vueltas a si retratarse en abril de la mano de Sánchez o si acudir a la comunión con Mónica en mayo tal como fija el calendario marcado. Ni yendo de marinerito tendría este mareo.

   Sí, porque, pese a su templaza, no sabe para dónde tirar. A veintimuchos de febrero, la carta de navegación señala que el pesoe sería el más votado, y subiendo, y que sin embargo gobernaría la megaderecha, escenario ideal para que la izquierda mueva el culo con tal de impedir que se reedite el susanazo. Pero, ¿cómo estará el

oráculo a finales de marzo o cuando las procesiones tomen la calle? A su vez, Oltra tira de la sisa del jefe del Consell para que no se adelante mientras, en su fuero interno, este no debe dejar de darle vueltas a que, de no cambiar el paso, quien podría entre otros tirar de él con fuerza sería la plebe con la que cuenta en Alicante donde, por no haber, no hay ni que desenterrar a Franco. Eso sí, si al final el resultado fuera desolador y pensara hasta en abandonar esta práctica, siempre le quedaría la posibilidad a Ximo de regresar a su antiguo oficio. Como para no darle vueltas.

Da que pensar

Antes de perdernos –nunca mejor dicho– entre las revelaciones del libro del presidente, la confesión de Villalobos a Ferreras a la hora de dejar la política contiene la salsa de todo el drama que nuestros próceres llevan dentro: «Desde el 86 soy diputada –recuerda ella–. Fraga me desmostró que no era tan fiero como lo pintaban. Luego fui muy amiga de Aznar y le apoyé a muerte para que alcanzara la Moncloa. Rajoy ha sido el mejor presidente que ha tenido este país… después de Felipe González». Efectivamente, una campeona. No se pueden propinar más ostias a los tuyos en menos tiempo.

   En su Manual de resistencia, dado que acaba de llegar y este no ha nacido desde luego para despedirse, Pedro Sánchez también cita al mejor mandamás según Celia y lo hace para revalidar que Felipe «fue un referente de una sociedad que ya no es». Lo publica unas horas después de que, en el congreso de la World Jurist Association que reunió en Madrid a puntales del derecho de todo el orbe, el referente de una sociedad que ya no es dejara a los asistentes extasiados con una intervención plena de brillantez y de conexión con la realidad. El autor «a cuatro manos» de la novedad editorial culmina su aserto aseverando que «al frente del pesoe hay otra generación que sabemos interpretar las demandas de la ciudadanía». También ha tenido mala suerte al coincidir lo suyo con otro congreso, este sobre Innovación y sostenibilidad de la economía «Pensar más allá», en el que el exasesor de Obama, Juan Verde, concluyó que, en referencia a España, «existe un distanciamiento muy preocupante entre ciudadanos y políticos, con falta de conexión emocional».

   Según describe, Sánchez la encontró aquí: «Tengo aprecio y respeto por Rajoy. Cataluña nos únió. Aprendí mucho de su sentido de estado». Emocionó igualmente que dejara al respetable descansar de Ferreras y que, a la puesta de largo, fuera con Mercedes Milá y Jesús Calleja, todo un aventurero. Había que llegar a este extremo para encontrar un rasgo de coherencia.

Los muertos están vivísimos

Fran Rivera, que despidió el año en la abulense Casa Eladio entre fotos del caudillo y símbolos falangistas tras grabar el paseíllo y haber alardeado de votar días antes más al sur a Vox, ha entrado en campaña rematando el embolado al volapié: «Dicen que hago apología del franquismo y me llaman facha, pero no lo soy».

   «Ego te absolvo» ha debido hacerle llegar por guasa el prior del Valle que el domingo, antes de concelebrar, se confesó en el prontuario de Marhuenda sacándose todo lo que lleva dentro con el concordato de fondo amparando como dios al gremio: «Pedro Sánchez ha fracasado con Franco. El Gobierno se ha movido desde el desconocimiento y la ignorancia, con prepotencia y odio». Eso lo ha sentenciado en la semana en que se cumplen 80 años de la muerte de Antonio Machado en Colliure, que alcanzó consumido junto a su madre preguntando si habían llegado ya a Sevilla y donde un par de años más tarde la Comisión Depuradora del Ministerio de Educación le despojó póstumamente de todos sus derechos como funcionario. «Y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno», dejó escrito… el prior, no.

   El trovador que inspira a Casado al entonar que «la agenda que estamos viendo en Cataluña es la agenda de Eta» no es otro que el poemario de Losantos. Sí, los muertos están más vivos que nunca. Arfonzo, cada vez que tiene oportunidad y ahora anda de gira, le arrea a Sánchez donde más le duele, desde sus contradicciones a su inconsistencia resucitando al librero y al hombre de teatro que fue y que nunca ha dejado de ser. Si con el anticipo el presidente del Gobierno lo que busca es que le den de uno lado y de otro para situarse en el centro, lo tiene tan garantizado que los que han empezado a preocuparse ya son los francotiradores. Y estamos a nada de que Abascal haga una recomendación a su dos compañeros de: «Moderaos, por favor».

De difícil digestión

Quim Torra es recibido en la puerta y ya en el interior quien le da la bienvenida es el propio presidente del Supremo en razón al rango que ostenta, ese que no le ha impedido poner de vuelta y media a Justicia española. El president de la Generalitat puede acudir porque todos los señalamientos del Parlament han sido aplazados por lo que, a la soberanía popular que representa, no hay quien la acoja. El magistrado Marchena da comienzo a la primera sesión con poco más de veinte minutos de retraso, una minucia entre tanto tomate. Para entonces ya ha comparecido ante las cámaras Vox por el resquicio que le otorga la legalidad a través de la acusación popular. Abascal, presente, cómo no. Primero las andaluzas, luego Colón y ahora un buen trecho coprotagonizando el juicio del prucés: «Que Torra se halle sentado entre el público y no en el banquillo de los acusados demuestra que el golpe está vivo». A Rivera le habría chiflado chupar encuadre, pero tiene que conformarse con emitir un tuit a la misma hora. Cuando el abogado de Junqueras & Romeva expone en la sala penal que «la causa ha sido una suspensión generalizada de los derechos políticos», que «un juez que no era competente para instruirla la convirtió en rebelión y sedición» y que «nadie en Europa entiende la severidad aplicada», se inicia en el Congreso la kermés de los presupuestos. Que Sánchez los haya envuelto en el 14 de abril y la exhumación es lo menos que podía hacer el pobre. No hay que descartar que para relator tuviera en mente a Valdano, pero que hasta a él le pareciese estirar esto por encima de la resistencia humana. Sí porque, sin ayudas, la revolica es de impresión. A Mónica Oltra, por decirle al virrey belga que «Junqueras está en la cárcel y el otro dándose por ahí comilonas» le ha saltado de esta guisa el señalado: «¿Tú también te apuntas a las difamaciones? Te invito a pasar una semana con nosotros y después podrás opinar, pero al menos con fundamento». O sea que no solo vive como un marajá, sino que no se pierde a Arguiñano.

El gazpacho

Los próximos 19 y 20 España se convertirá en la capital mundial del derecho al acoger el Teatro Real el congreso de la World Jurist Association. En un país, en el que el centro derecha se conduce de la mano de la caballería montaraz que ha abandonado la cuadra en la que permanecía embalsamada; en el que se recurre a bote pronto al enigma de un relator para el ensamblaje territorial cuando ya no lo garantiza ni superglú, se darán cita confrontando sus tesis a fin de reforzar y expandir el imperio de la ley y sus instituciones unos dos mil especialistas. Ya lo sé, pocos parecen.

   Aunque Vox es capaz de anexionarlo a la que está liando, la historia es otra. Fue la primavera pasada en Munich cuando se decidió que la fuerza jurídica proveniente de buena parte del orbe sentase sus reales  entre nosotros. Por aquel entonces Susana pensaba que el trono estaba garantizado de por vida; el productor Cerezo había empezado a rodar una serie sobre el almirante Blas de Lezo de la que nadie tenía ni pajolera y que ahora se ha visto obligado a ubicar después de que escuadrón ultra reclamase una peliculita sobre el vasco insigne; el llamado bloque constitucionalista había apoyado sin reservas la implantación del 155 emprendida por Rajoy tras la mascletà y desde entonces, que el polvorín se ha suavizado tela, una parte de aquel bloque se ha desgajado montarazmente a fin de mandar al inquilino de la Moncloa a Venezuela, como muy cerca, mientras que los que andan en busca de relator echan de menos a Mariano.

   No nos engañemos. Aquí lo que nos salva es que el pequeño Nicolás, que formara parte del ceneí y de Gran Hermano Vip, pendiente de juicio acusado de falsedad documental, que piensa concurrir a las urnas con algo «aglutinador de jóvenes de izquierdas y de derechas para regenerar el país» y al que Casado no tendrá inconveniente en acoger en su seno dado el caso, acudió a tevetrés portando un lazo amarillo. Y ojo que el pequeño es capaz de salir. Así que tranquilos. Somos insumergibles.