El clima circundante

Viendo el temporal de los últimos días más lo que se nos puede venir encima tras el 28A, se explica fenomenal que Jorge Olcina, climatólogo de cabecera, su colega Enrique Moltó y la partiticipación de especialistas de toda la superficie autonómica escogieran el arranque del mes en curso para presentar el trabajo sobre los climas y tiempos de esta tierra. No hay más que echar un vistazo a lo que se registró a raiz de que en el 95 se produjera el vuelco del mapa para inferir que tienen ganado el cielo.

   Según el estudio del bloque de expertos nos enfrentamos a «un clima con cambios constantes. Un escenario que nos obliga a adaptar el territorio a manifestaciones atmosféricas más extremas y a un menor confort. Tiempos y climas, diversos y singulares, que otorgan significación geográfica y lo distingue de otros territorios próximos». Y tanto. Como que buena parte de las caravanas en liza se han apelotonado aquí para poner toda la carne en el asador a escasas cuadras de distancia. Una concentración así no hay atmósfera que la resista. Y menos cuando desde donde corresponde viene haciéndose oídos sordos al lamento por la infrafinanciación que frena esto. No han tenido empacho en coincidir y, sin embargo, la que han liado a estas alturas de la película para debatir entre los que quieren darle un rumbo guapete al país. Lo malo es que ya viene oyéndose a quienes no están ni mucho menos conformes con los moderadores que han caído en suerte. Por la misma regla de tres, yo creo que deberían añadirse a los que hay un par de debates miércoles y jueves. El problema es quién se lo dice a Sánchez. Sé que eso abriría la posibilidad de meter a Cayetana en casa a la hora de la cena. Qué le vamos a hacer, salvo tener cuidado con que penetre nuestros sueños.

   Pero volvamos a lo más próximo con este libro que remata su predicción alertando sobre «un futuro incierto en el contexto actual de calentamiento térmico». Meteorológicamente hablando tengo mis dudas; ahora bien, el percal político lo ha clavado.

La cólera que se cierne

Ya he votado. Lo hice mientras el escalofrío recorre el cuerpo tras ver arder la cúpula de Notre Dame y derrumbarse la aguja del templo antes de asistir a cómo desaparece buena parte de la tradicional silueta que lleva siglos congregando devotos a su alrededor. La cólera anda suelta y no es buen día para poner a Dios por testigo.

   Desafío, no obstante, los elementos y me zambullo en el abanico de listas y sus componentes. Previamente he leído que los socialdemócratas han resurgido y se han impuesto, aunque por la mínima, al bloque de ultraderecha. De momento en Finlandia. A saber lo que ocurrirá por nuestros lares, donde tantas veces se nos cae la baba mirando al norte dados los desajustes y cabriolas que nos marcamos en ámbitos troncales del crecimiento. Maite Pagazaurtundúa sale viva del desnorte que persigue quemar su memoria, de este bucle en el que los intolerantes nos tienen dando más vueltas que una peonza tan valientes y cautivadores en sus propuestas y, por mucho que digan, el desgarro pausado de una sufridora toca la fibra del común de los mortales. Un destacado del artículo de Luis María Anson, del que se entresaca que «no es verdad que Vox esté en la extrema derecha», me llama incluso la atención y, al empezar a leerlo, me encuentro con esto: «Los despropósitos de la política sobre Cataluña de Mariano Rajoy han cuarteado la estabilidad política que se consiguió con la transición… el resultado de tanta insensatez ahí está, claro y punzante. Hay tres partidos más por Rajoy robustecidos, el interrogante abierto sobre el separatismo catalán y un futuro impredecible».

   Se mire para donde se mire, prima el desconcierto. En París, en Londres, en Rentería, entre la plebe a la que hemos abocado a buscarse la vida en el quinto pino y le ponemos trabas hasta para ejercer el sufragio…Disconforme, he introducido antes de ir Correos las papeletas desnudo. Disculpen si no adjunto la foto. Es lo único que le hace falta al panorama.

Elegía del primerizo

Oigo a un españolito confesar que le ha tocado presidir una mesa, él que no sabe ni cómo se hace a pelo lo esencial de la tarea que ha de practicar puesto que dejará de ser primerizo al cumplir esta vez sí con el requisito de la edad. Tranquilo, chaval. Estando al cabo de la calle es como resulta verdaderamente complicado votar. Incluso a los tuyos.

   Así pues, no te abrumes por lo que más quieras. Suerte la tuya que, llegado el trance, aún pueden invadirte mariposas en el estómago por las razones que sean. A los que han tenido la fortuna de poder ensartar la papeleta por la hendidura desde las primeras de esta era en junio del 77, las mariposas se han transformado en buena parte de los organismos en puñeteras garrapatas que te cuecen desde todos los frentes. A ello ha contribuido en gran medida el elenco que anda suelto. La prueba es que, aún antes de arrancar la campaña oficial, ya descolló un grupo con méritos de sobra para componer una selección sublime. Ni que decir tiene que el récord lo estableció Suárez Illana, el mismo que, cuando el ducado pasó de sus manos al de la hija de su hermana mayor según estableció la modificación de la ley, armó una de padre y señor mío que para eso, no hay más que verlo desde aquí a Nueva York, es letrado. Borrell también se lució en una tele alemana al no poder evitar ser Borrell que, para él, siempre ha sido el súmmum. E inspirado se mostró igualmente la criatura esta de Vox llamada Iván Espinosa de los Monteros, de primero supongo, quien aprovechó el paso por Miami, claro, para enaltecer su facha al señalar que «en España estamos acostumbrados a una izquierda sucia, mal vestida y con coleta». Debe referirse a Iceta por lo que suda con la brasa que da con la canción de Queen.

   Asistiendo a esto uno tiene más que nunca ganas de… saetas. La cruzada electoral se presenta de aúpa con todo en el aire y solo será amortiguada por el calendario festivo, que bendito sea Dios. El gran estallido no vendrá hasta el debate televisivo, el mismísimo día de Sant Jordi. Casi .

Háganos hueco

Me impregno de chicotás al Cristo de los Gitanos en la Madrugá, me siento incapaz de contener las lágrimas y me pregunto que cómo es posible que esto se repita sin remedio, año tras año. Yo porque soy de las mías pero al conseller Alcaraz, que ha hecho una inmersión por la España en túnica, le ha dado para un libro.

   El visionado coincide con la respuesta del obispado de Reig Pla a la denuncia sobre la celebración en su diócesis de cursos para curar la homosexualidad y, aunque por otras motivaciones, la llantina, claro, va a más. El corifeo del prelado apunta que se trata de «un acompañamiento integral, pastoral y espiritual» en coherencia con la web eclesiástica donde, en el apartado «Homosexualidad y esperanza», se recoge que «si una persona quiere formarse sobre este tema o desea un cambio o evolución…». Me pongo de mala hostia porque y para los heteros, qué. Yo no estoy nada contento con mi cuerpo. Aseguran especialistas –médicos en este caso, qué le vamos a hacer– que, a determinada edad, aumenta la posibilidad de alteraciones cromosómicas en los espermatozoides. A mi estos me la traen al pairo ya pero, junto al resto de huesos, aquellos que me sobresalían de los hombros dónde han ido a parar. La verdad es que un acompañamiento integral cada vez que hay que ir a comprarse unos pantalones vendría de perlas.

   A mi hermana, que mantiene la fe y que es de misa, también le vendría bien una ayudita. Su marido, que es un buenazo y un currante nato, lleva en la fábrica desde los catorce añitos y no le hace ascos a ningún plato y a ninguna birra que se le ponga delante por lo que, cuando llega la hora de la siesta, emite unos sonidos espectaculares al ritmo de una barriga que no lo es menos. Su mujer se asusta y está convencida de que puede llegar a parir.

    En casos como el de esta materia, igual Cruzcampo patrocina el seminario. Dentro de su afectuosa preocupación por lo que pasa con nuestro cuerpo, háganos hueco; que aunque a veces monseñor no lo parezca, todos somos hijos de Dios.

Resentimiento a flor de piel

Màxim Huerta ha salido del armario y ha roto el silencio autoimpuesto desde lo sucedido. Es posible que en breve se percate de que calladito estaba más guapo.

   Y eso que hace un par de meses tuvo una reaparición de chapó al protagonizar una de las mejores guindas de la ceremonia de los Goya prestándose a entregar el premio al mejor corto de ficción bajo el siguiente correlato: «No se preocupen que ya saben que soy breve». Me pareció un acierto por encima del personaje, quien en la entrevista que ha concedido a la revista Icon remarca lo que para él supuso el gran respaldo cosechado entre los asistentes: «Me hicieron la mitad de la terapia. Salí como quien sale de unos baños termales».

   El guión que ha soltado ahora por la boquita sí que es suyo testificando así la sinceridad de sus palabras: supuso, efectivamente, la mitad de la terapia. Y, por lo visto, áun le quedan dentro espinas desde el recibimiento hasta la despedida pese a lo meteórico del mandato: «Nada más ser nombrado, noté los prejuicios. En los medios que van de progresistas trataron mi aparición a modo de burla. Les parecí tan exótico… Llegué a sentir que preferían a Wert». Hombre, por Dios, es que olvidar  a aquel torete enamorado de la luna no se consigue en dos días. Menciona haber sido satanizado por aterrizar desde el sofá de Ana Rosa, que es de donde procedía, y denuncia que nadie destacaba, sin embargo, «los años de informativos en Canal 9». Y encima se queja.

   Supongo que uno de los últimos pasajes que repasa alimenta el libro «Intimidad improvisada», a punto de ser lanzado: «Cuando salió lo de Pedro Duque –que tenía un chalé a nombre de una sociedad instrumental, supuestamente para eludir impuestos–, tuve una crisis muy gorda…». En ese instante me reconcilié con nuestro género, lástima que al seguir leyendo duró muchísimo menos que su paso por Cultura: «…Vi la diferencia de trato de los medios y del Gobierno». El de Màxim, un gran reflejo de la condición humana, que baña de aquí y a la luna como bien señala.

La masa de aire ártico

En uno de esos viernes sociales tan salados de los que está disfrutando el Gobierno, su portavoz Celaá ha llegado a pasárselo pipa y a entrarle la risa floja con algunos asuntos tratados y otros como el del cambio de hora le sirvió para avisar que se mantendría el sistema actual anunciando que el año que viene tomarán una decisión, que es el mensaje que en realidad le interesaba filtrar. También hizo mención  a que el informe encargado a la comisión de expertos sobre el huso horario se inclina por perpetuar el de invierno, mientras que Tezanos advirtió al Ejecutivo que los españoles prefieren quedarse con el de verano, por lo que no es plan de llevarles  la contraria. Lo líquido que se presenta todo de cara al 28A es lo que tiene. Que, ahora sí, la inmensa mayoría de candidatos solo ve españoles, lo que ha descolocado a Rivera hasta el extremo de que, no pocos de los que suspiraban por él, a día de hoy no lo distinguen ni en el centro ni hacia la izquierda ni en la derechita ni en el couché. Con lo feliz que se las prometía.

   Y ha ocurrido que, nada más realizarse el traspaso oficial al horario de verano, se nos echa encima efectivamente un llamativo ciclo de jornadas invernales. La masa de aire ártico viene de los alrededores de Groenlandia y se acerca de forma rapidísima con riesgos de fuertes tormentas que habrán de convivir con latitudes que registrarán temperaturas por encima de lo normal. Sánchez se hizo partícipe del ciclón y escogió zambullirse entre deportistas para denostar a Pierre de Coubertin al enarbolar que «lo importante no es participar, sino ganar». Si algo caracteriza a un producto como él labrado en las más inverosímiles resurrecciones es que investirse de lo políticamente correcto, que solo sirve para posponer conflictos, no puede ser lo suyo porque, de eternizarlos, se quedaría con el papel de Lázaro para los restos.

   De esta masa ártica, solo un aspirante tiene asegurado salir vivo a final de mes. Los otros podrían quedarse helados, aunque en condiciones ideales para intentarlo a la siguiente. En Groenlandia, eso sí.

En busca de la sincronización

Husmeando por el erial hacia el que íbamos, la Guardia Civil dio con 31 exclusivos relojes en la casita de Zaplana. Como para olvidarlo en pleno cambio de hora.

   Al salir del cascarón dejó claro que venía a comerse el mundo como fuera con tal de hacerse con lo que perseguía. Los pelucos decomisados componen una exposición desde Bulgari a Rolex, con un valor cercano a los doscientos mil euros. Paul Newman, prota en El buscavidas, llamó la atención pese a tratarse de quien se trataba por lucir un Rolex Daytona que, gracias a la exclusividad y a su aura, se convirtió en el reloj de pulsera más caro de la historia según la casa de subastas tras dejar el ojos azules la vida esta. Se lo regaló su mujer en el rodaje de 500 millas y Joanne Woodward le grabó al dorso «conduce con cuidado». Los 17,8 millones recaudados se los inyectó la fundación Newman´s Ows al papeo de los que ni eso huelen.

   Del poso con el que prendió su carrerón el cartagenero recriado en Benidorm no se colegía que lo suyo fuera a ser el pensamiento jondo y menos la beneficencia. El presunto testaferro uruguayo con el que según todos los indicios había que sincronizarse para el tejemaneje, y del que la defensa exige anular su declaración tras dejar vendido al expresidente de la Generalitat, declaró a la jueza haberse interesado acerca del capital manejado a través de sociedades por el amante del muestrario de alta gama y éste le habría dejado claro que no era un buscavidas sino alguien con una actividad pública guapa a sus espaldas y, de ahí, que no quisiera exponerlo.

   No pocos verán en el cuidado de su estampa, tan acicalado y con ese remate en la muñeca, una pasión poco disimulada por el lujo. Puede sin embargo que, en lo que a la colección hallada por la Benemérita se refiere, el llamativo surtido no fuera más que un recordatorio de los mecanismos a los que debía atender simultáneamente. Pero la mayoría de esos relojes automáticos permanecen en su caja de cargar y gran parte de los mismos carece de alarma. Al final siempre falla un detalle.

Al ruedo y sin complejos

Ya anda más bien en danza esto. Si la primavera la sangre altera, la que nos contempla tiene una pinta… Casado se ha vuelto loco integrando en su catálogo a lo que se ha dado en llamar periodistas «sin complejos», por decirlo suavamente ya que los que denominan son del gremio, y a toreros entre otras figuras. Abellán, uno de ellos, al que le han preguntado cómo se las maravillará en el paseíllo con Morante que pide el voto para Vox, solo se ha mojado en este aspecto: «Los toros necesitan un representante político que haya vestido el traje de luces». En la fiesta habrá que añadir al cartel a Fran Rivera quien se mantiene de analista de actualidad, junto a una buena caterva desacomplejada, en el programa de Griso. Debe ser lo que necesita la opinión pública.

   Aunque ahora sí que se han puesto a la faena todos. Pablo Iglesias ha aprovechado la reaparición para que nadie olvide su mérito: «Después de tres meses limpiando culos y pañales estoy más preparado para gobernar». Y le ha dado por atacar a Mediaset y Atresmedia, de donde los suyos no salen ni para dormir, coincidiendo con el descubrimiento de una escapada romántica de Íñigo con una periodista de La Sexta a Ezcaray. Viendo cómo se las gasta el súper papá, que se prepare La Rioja.

   Al observar por dónde vienen los tiros –Abascal haciéndoselo de Bannon–, no resulta extraño que Almodóvar haya batido récord con su Dolor y gloria en la que deshoja la euforia desasosegante que dejó a un porrón de plebe en el camino en los ochenta por meterse todo lo que se metía. Algo de esa excitación por el miedito debe estar respirándose porque nos hemos pasado días desayunando, merendando y cenando con el manchego universal y con Arfonzo, que han vuelto por donde solían. El exvice se ha puesto al servicio de la consti y, como en los mejores tiempos, eso le da pie a soltar que Torra es una ferretería… por la cantidad de tornillos sueltos.

    Sí, las perspectivas resultan sinceramente poco halagüeñas. A este paso, no sé qué mundo vamos a dejarle a Jordi Hurtado.

Ginsburgs es un caso

En el 33, Ruth Bader Ginsburg nació en Brooklyn. La madre murió el día en que se graduó en el insti tras haberle recalcado: «Sé una señora y sé independiente». Entró en Harvard donde, en el 56, había en derecho 500 alumnos y 9 alumnas y conoció a Marty, que se convertiría en algo más que el hombre de su vida. Y de compararlo con la mayoría de nosotros, ¡bah!

    Cuatro de allí coincidieron en un bufete neoyorkino, dijeron conocer «a alguien excepcional, a la que deberían contratar» y al escuchar el «la», se oyó: «Este bufete no contrata a mujeres». Con Franco y tantos otros cuadraba, pero estamos hablando de Nueva York. Se refugió en la uni, los asistentes la empujaron a crear un curso sobre género y la organización de derechos civiles la captó para seguir con las mujeres la senda abierta con la cuestión racial. No era de manis, pero un hacha en lo suyo. Y así llevó el caso de la teniente Fronteiro que se había tragado cómo los subsidios a la vivienda que sus compañeros percibían, ella no y, en un Supremo masculino, ganó. Un hacha bien astuta porque entonces cogió el caso de un joven viudo al que la Seguridad Social le negó ayudas solo destinadas a mujeres y volvió a ganar, por lo que puso a las claras que la discriminación de género no hay por dónde cogerla.

   Nombrada jueza federal en Washington, él renunció a su carrerón de abogado fiscal para seguirla. En el 93, y puesto que su mujer era incapaz de autopromocionarse, Marty movió hilos para que Clinton no la excluyera y, a los 15 minutos de estar con ella, la nombró miembro del Supremo. Con su forma integradora de actuar, con esos votos particulares que le han cambiado el pie a la nación, hoy este icono en la defensa de la igualdad es popular a rabiar.

   Y mientras tanto por aquí, como si la izquierda fuese sobrada, la candidata de Casado en Madrid señala que es «la que obliga a las mujeres a manifestarse» y Rivera enarbola un «feminismo liberal». De no ser por lo doctos que se muestran en la materia, el recorrido efectuado por Ginsburg podría resultarles hasta instructivo.

En la frontera

La primera vez que Bruce Springsteen entonó Independence day fue el 7 de julio del 78 en un concierto en el Roxy de Los Ángeles al que asistió la familia, padre incluído: «Bueno papá, vete a la cama ahora, se está haciendo tarde/No qué pasaba entre nosotros/No había sitio en esa casa para los dos/Supongo que somos demasiado parecidos/Así que dime adiós, es el día de la independencia/Es el día de mi libertad». Desde entonces, el de Nueva Jersey la ha interpretado en contadas ocasiones. Cuando lo ha hecho ha sido sentado al piano a media luz, el público con un nudo en la garganta y celebrando él aquel día de su independencia con los ojos humedecidos de todo un rockero que tira millas quebrándose por dentro.

   Un extenso ramillete de consagrados hace acústicos en teatritos dentro de un monólogo en el que repasan la agotadora ruta sin dejar de estar presente el padre, una pila de años muertos. Uno de los vástagos artistas del folklorista norteamericano Loudon Wainwright III es Rufus del que Elton John dijo «es el mejor cantautor del planeta», que también se las ha tenido tiesas con el progenitor quien a su vez hubo que vérselas de crío con un señor que durante media vida fue de los columnistas más influyentes de Life, casi nada al aparato. De modo que, en su último espectáculo, el tercero de la saga entra al escenario a lomos de su guitarra sin cortarse un pelo: «Yo estoy vivo y él muerto/Y ninguno de los dos ganó/Se le fastidia al vencedor una vez conseguida la derrota/Un hombre se vuelve inmortal a través de su hija o su hijo/Y cuando teme su legado un hombre puede derrumbarse/La barba es un recordatorio de que soy parte viva de él/Aunque mi padre esté muerto y enterrado, soy su gemelo superviviente».

   Celebré el día de mi independencia un año justo después del Roxy. Mis padres me acompañaron cien kilómetros y, al bajarse, vi por el retrovisor a aquel pedazo de hombre llorar manteniendo el porte. Nunca sentí ni de lejos rechazo por él y sí todo lo contrario. Seguramente algo falla en mí.