A finales de mes habrá dos obras del polifacético Óscar Tusquets en la Bienal de Londres, metrópolis que acogerá en una de sus galerías el resto de propuestas de la exposición «Gran Benidorm» que el autor colgó este otoño en la barcelonesa Ignacio de Lassaletta ramblera, dentro de un encargo con idea de aportar soluciones a los problemas de sobrepoblación. Para el arquitecto, diseñador, pintor y escritor de sonoro apellido «Benidorm es uno de los lugares mejor construidos del mundo gracias a que hace más de medio siglo se apostó por un urbanismo nuevo que, de haberse seguido, habría dejado gran parte del litoral libre de edificación. Hay estudios que cifran en 12 «benidorms» el total de lo construido en la costa española». Pero buenos somos. No solo no se apostó, sino que a pesar del tiempo transcurrido, del resultado obtenido, de la opinión de urbanistas y de expertos de aúpa, los prejuicios sobre el modelo subsisten. Al día siguiente de presentar su colección, el autor se desayunó con una frivolidad de Ramón de España en El periódico en la que el buen hombre se cachondea de la ocurrencia y de paso de la villa a base de simplificaciones impropias de alguien que, si tras parir El manicomio catalán se consagra como diana de nacionalistas, está capacitado de sobra para presentir que bajo ese enjambre de rascacielos habita la capital cosmopolita del país. Yo, que no soy fanático como Tusquets y que me tira más Altea, donde he visto a los Stones, al Boss, a Caetano Veloso… Ha sido en Benidorm que, amén de insuflar pulmón por un tubo a Guadalest y a lo que no es Guadalest, congrega por calles y garitos auténtica globalización vital junto a la constatación de que quienes fueron con la prevención de marras repiten Imserso, más esa gama inabarcable de servicios que dificilmente defrauda, playas cuidadas, limpieza y una nómina de alcaldes en la que hasta el peor ha querido a la ciudad mil veces más que tantos ejemplos en otros parajes que tenemos encima o bien cerquita. Anda, que si llego a ser fanático…
Autor: fesquivel74
Ilustres Imbéciles
El trío de vástagos ha aprovechado el fin de semana portador del Día del Padre para poner pies en polvorosa y asistir, junto a un racimo variado de plebe amiga, a la grabación de Ilustres Ignorantes. ¿Será subliminal o ni siquiera?
Por muy importantes que se crean, ni Telefónica ni Endesa ni Mapfre ni Ikea ni el cortinglés ni ninguna de esas virguerías de banca reconstituidas a base de bien con nuestros leucoeuros tienen nada que hacer frente al negocio de ser padre. Sin éste, ningún otro existiría se ponga el Ibex como se ponga y eso que una buena proporción de los que lo montan se meten a ciegas porque si se lo piensan…
La parte correspondiente al padre, que es la que se celebra, no es que se ponga manos a la obra sin percatarse ni por asomo de lo que se le viene encima es que, cuando ya está de lleno en el empeño, se entera tradicionalmente de lo que se entera. Siendo muy optimistas, de lo justito. Ahora que el curro está como está igual se sitúa más pero, cuando se estilaba hasta el pluriempleo, su figura de cara a los críos alcanzaba el rango de ente difícil de catalogar. Y, a pesar de ello, no nos podemos engañar; existir, existen y, estar ahí, están.
¿Pero cómo? En multitud de casos, desnortados suena suave. Ellos estiman que les corresponde el papel, al que por los siglos de los siglos se ha investido de grave, de poner orden y, cuando ese paraíso que es la convivencia extrañamente gripa, descubre para su estupefacción que quienes salen al quite y aportan la mayor dosis de naturalidad a fin de que retorne el remanso es la basca infantil desde su incipiente estadío, con lo cual el hombre de la casa empieza a cuestionarse si no es que lo llaman así irónicamente. A partir de ahí, todo irá a velocidad supersónica; las relaciones pasarán por fases de todos los colores y a lo máximo que aspirará el progenitor a la hora de ser juzgado es a merecer eso que los romanos denominaron «piedad filial». Cierto es que hay «ilustres imbéciles» sin hijos, pero no lo duden: teniéndolos es mucho más fácil coronarse.
Extravagante coleccionista
Alguien ha apoquinado 5.000 euros en pública subasta para hacerse con el coche oficial utilizado por Paco Camps, un Audi 8 que data de 2005, con 554.000 kilómetros a sus espaldas. Desde que se supo no he podido quitármelo de la cabeza. Quién podrá ser, porque de un artículo de culto no da la impresión que se trate.
Puesto que la demanda de un mercado floreciente está asegurada, el principal problema con el que se topan las grandes casas de subastas reside en encontrar objetos. Desde ese punto de vista, concuerda con lo ocurrido. ¿Para qué se puede querer por el dinerito en cuestión un vehículo con ese recorrido en el que fijó sus posaderas el ínclito en multitud de ocasiones? ¿De qué es coleccionista el nuevo poseedor? Lo único que se me ocurre es que se trate de un estudioso interesado en preparar una tesis sobre él en el interior de la época de marras, aunque por lo general los estudiosos no es que transiten muy sobrados de recursos financieros.
Convengamos que vayan por ahí los tiros. igual el interesado anda como loco por respirar la atmósfera que trastornó a aquel hombre que en su arranque aparentaba ser discreto. no puede olvidarse que los primerísimos pasos como presidente fueron los de no cogerle las llamadas al antecesor que le había propuesto para el cargo, y que puso a éste a doscientos por hora, lo cual tampoco es que fuera en especial llamativo dada la tremenda velocidad a la que se desenvolvió Zaplana en su Audi 8 blindado de 2001, con un coste de 302.000 frente a los 85.440 del de su sucesor, que precisamente no ha podido subastarse en esta convocatoria porque la reparación indispensable superaba con creces el precio de tasación. así ha quedado el parque.
Creo que en casos de este perfil, sería de ley que el departamento correspondiente informase sobre la identidad del comprador aunque solo sea por lo escarmentados que estamos de ciertos conductores, de sus copilotos y de la legión de testaferros. Sorpresitas, las menos posibles, por favor.
Bajo el peso de la identidad
Nada más acabar lo de la otra noche en el Camp Nou topo con un documental sobre la historia del Espanyol. Coincidencias así me privan y, en lugar chuparme el post con los saltitos y ocurrencias de rigor para los que ya estoy mayor salvo que celebren los míos, me dejo atrapar por el magnetismo de sufridores habituales entre los que te engatusan creadores y pensadores puesto que nadie se libra en este terreno. Mientras el autor del sexto aún estaría recibiendo collejas, el filósofo Ramoneda hace auto de fe perica en el canal próximo: «Nuestro mayor mérito es haber resistido sin desaparecerla presión del gigante». Tras deslizar que, contra la decisión municipal, fue un decreto de Franco el que despejó la construcción del estadio que a esa hora era una locura aumentando en los 50 la distancia con Sarriá, el escritor Enric González relata que «hablando de un género literario, el Barça se ha construido una identidad atractiva que, sin corresponderse con la realidad, es muy hermosa, mientras el Espanyol se ha visto arrastrado y muchas veces se define en negativo. Es extraño, pero es así». «En nuestro caso –agrega el publicista Toni Segarra– se une una especie de injusticia cósmica ante el apabullamiento del enemigo». Cuando a veinte minutos del final miles de neutrales se pasarían a una serie al estar todo el pescado vendido, los pericos no podrían despegarse hasta comprobar que, maldita sea, tampoco les quedará París. Y claro, intervinientes no tienen recato en admitir que, en cuanto confiesan sus colores, les espetan: «Pero, ¿tú eres catalán? ¿Tú eres normal? Somos una anomalía, cierto, nos reafirma y es lo que nos da identidad». Un club en el que debutó Zamora con quince años y en el que coincidieron con la zamarra Kubala y Di Stéfano, algo tiene aunque muy normal no sea. Y sí, dos confesos, Fernández Díaz, pepé, y Rufián, de Esquerra, se congratulan de que Cornellà sea la única cita integradora capaz albergar esteladas y banderas españolas. No se esfuercen más. Quieren seguir pegándose contra la pared.
Maldito trastorno
Un año de estos el pesoe tendrá que celebrar su congreso. Me refiero al 39; de otro tan redondo como el 40 ya ni hablamos. Da la impresión de que, si pudiera, la gestora organizaría para este ejercicio uno de ornitología y el Federal lo dejaría para encajonarlo entre la visita que nos caerá de Trump y una hipotética final de Champions Madrid-Barça más la factible boda de Preysler con el polifacético Mario y solaparlo adecuadamente, porque si no…
Cómo estará la cosa para que el tal Javier Fernández haya sido elevado a los altares y casi a estadista de consideración por respetables bisturís del ruedo ibérico. lo digo porque el único afán del chirimbolo que preside este asturiano, de los que nunca sostiene la mirada y adusto hasta la extenuación, ha consistido en prolongar lo más posible el proceso con la pretensión de que volviera la cordura tras el comité de los cuchillos largos y confiar de paso en que, junto a tanta dilatación, a Pedro Sánchez se le pasara el antojo. Y sí, sí, ahora resulta que el gachó del «no es no» está que se sale. Entre las encuestas que circulan, los votantes del partido que fundara Pablo Iglesias –el auténtico, no el de Merimée– quieren que vuelva su ex, quien, con decir que es más de izquierdas que el que lo inventó y poner caritas, lo tiene todo hecho. En cambio, según los sondeos, lejos de Triana Susana no acaba de cuajar. Qué raro porque a la presidenta de la Junta no se le ha escuchado decir nada sustancial ni interesante y, con las mismas, Rajoy persiste al frente de los territorios. Pero lo cierto y complicado para la estrategia baronil de los socialistas es que la candidata in péctore no traspasa. mientras en muchos rincones del país aún se recuerda y valora la huelga de hambre protagonizada por Escuredo para lograr la autonomía por la vía guapa de verdad, a Díaz no hay quien le compre su revuelto de lugares comunes. Bueno, sí, se lo compran los partidarios del pepé. de modo que amplío: quien dice de ornitología dice esoterismo o nutrición. Cualquier apaño antes que exponerse a la cruda realidad.
No hace falta que lo juren
Me empapo del Mobile World de Barcelona. Más de 2.300 compañías de 208 países con 108.000 congresistas. Se ha debatido sobre la inminente irrupción del 5G, el big data, la inteligencia artificial, el interné de las cosas y ha sido presentado el Nokia 3310, tildado de indestructible. Y abruma constatar que tres cuartas partes de la población mundial será cliente de telefonía móvil a mediados de año, es decir 5.000 millones de criaturitas. Impacta y, sin embargo, no hace falta que me lo juren puesto que cojo el bus, me siento atrás y, de los trece acompañantes (?) en la misma fila, enfrente y a ambos lados, el único sin andar embebido es obvio porque, de lo contrario, no podría describirlo. ahí están contestando guasás; imbuidos en tuiter; siguiendo pistas por feisbuk…y en trance, sin despegar la mirada del invento. Un sinvivir, vamos.
Desemboca en la plataforma trasera un bicho raro, también llamado humano que habla a la cara. Es Martín Sanz, periodista, escritor, grifo comunicador de Aguas y lo que le echen. Cuenta con dos libros recientes y está recopilando datos para uno sobre la Albufereta. Desde el Tossal de Manises y Lucentum hasta la invasión Pradel pasando por la desembarco de pieds-noirs y demás intríngulis en los que ustedes piensen sobre una zona que tiene lo suyo. Estoy a punto de soplarle que las primeras palabras que escribí en estas páginas allá por los setenta fueron de un reportaje de la playa en agosto cuyo arranque era «papá, caca», pero me contengo no vaya a ponerme con el resto de antiguallas. Además mi interlocutor es un bendito surtidor que, antes de ponerse el traje de romano, se levanta a las cinco para bucear en la memoria. Por los gestos intuyo que en casa deben pensar que está loco y que efectivamente es consciente de que lo está, pero que le quiten lo bailao. Tras bajarse asisto a cómo alguien a la izquierda repara tras media hora de trayecto en quien tiene enfrente y témome que, de verdad de la buena, dice no haberla visto. ¿Pero cómo ibais a veros, bandido?
Echarles de comer aparte
Junto a Arsenal, Liverpool y United pero antes que ellos, el Huddersfield Town es el único equipo que ha conquistado tres ligas consecutivas en la first division. la mayoría ni les sonará porque hace casi un siglo y ha habido épocas en que no ha sido fácil dar con él. Hoy es un gallito en segunda de la mano de un íntimo de Klopp que ha ido al rescate con un método que se conoce ya como la revolución Wagner. El teutón se llevó a la plantilla en pretemporada a unas islas vírgenes –y deshabitadas, claro– de Suecia, sin electricidad ni baños ni güifi ni balones, donde el grupo se buscó la vida pescando en canoa, se volvió loco para dar con agua potable y armar las carpas. «Lo hicimos incómodo –argumentó el míster– porque la Championship carece de comodidades». Va a ser más fácil subir que captar jugadores para el veranito como no lo consigan.
A principios de los setenta cogió al Sevilla Dan Georgiadis, natural de Ítaca. Sustituyó a Max Merkel, Míster Látigo, que hacía subir y bajar la grada a los componentes del plantel cargados con sacos de arena. Su sucesor era un hombre exquisito e instruido, que venía de Sudamérica donde en el Alianza de Lima metió a los futbolistas en la cárcel entre semana para que no delinquieran, entrenaban dentro y salieron campeones. Aquí, la sesión vespertina la dedicaba a cultura y urbanidad y en los viajes interrogaba acerca de ante qué tipo de columna con capitel se encontraban. Es posible que hasta este año con Sampaoli no haya vuelto a jugar con el dominio y el gusto que lo hizo habitar la zona alta durante la primera vuelta. Pero, en una mini gira a su tierra en que incluyó visita a su adorado San Nectario y la plantilla se pitorreó del tamaño, el idilio quebró y el equipo descendió increíblemente. Durante décadas sombrías embajadas de seguidores fueron a la parroquia de egina para reparar la afrenta y pedir por el fin de la maldición. En los últimos años los que se acercan son béticos que lo adoran y con gran respeto y devoción le dicen al santo: «Pero hijo mío, qué blandito te has vuelto».
Un viaje de máximo riesgo
Un hijo emprende viaje a uno de esos destinos que, nada más enterarte de la novedad, te echas a temblar. ¿Siria? ¿Corea del norte? ¿Afganistán? ¿Ucrania? ¿Nigeria? ¿Líbano? Qué va, Estados Unidos. ¡Madre mía! Por algo más que superstición, casi ni nos hemos dicho adiós. no perdamos de vista que se trata de un hispano hasta las cachas. Y además, pensando en el control de aduanas, desde pequeño habla tan deprisa que no se le entiende. menos mal que no lo acompaña su tía la de Sevilla que, para saber lo que está diciendo, necesita subtítulos. Por si faltara algo, pretende rodar un documental con un amigo y lleva encima el guión de un largo escrito por él que los que lo han leído se han hartado de llorar y, en el cual, el objetivo de una familia para resolver un asunto de vida o muerte es ir a parar a Houston. ¿Me está diciendo que lloran por tener que venir a este gran país? Es que me imagino el trance dentro del surrealismo en el que se debate diariamente el gigante y, si sale de ésta, el próximo relato lo tiene a huevo. La incursión es una bomba de relojería porque encima coincide con la celebración de los Oscar por lo que se habrá decretado el estado de máxima alerta ante lo que al artisteo se le ocurra soltar. Desgraciadamente en la ficha del ínclito, entre otras lindezas, consta que ha formado parte del equipo de dirección
en las tres últimas pelis de Almodóvar. Por si sirve de algo para su defensa quiero decirle a los que estén sometiéndolo al pertinente interrogatorio en el cuartucho de los morenos que ni me siento orgulloso ni me gusta el gazpacho manchego. Pero por si todos estos atributos no fueran suficientes estoy convencido de que a los controladores no se les escapará que la madre de quien pretende tener acceso a la tienda de Trump es gemela. Menudo ardid. Y no solo eso, sino que seguro que el gran ojo habrá detectado que ninguna se muere por los huesos de su tupé y que si se fuera con Putin, Rajoy, la inglesa y alguno más a una isla desierta alcanzarían el éxtasis a dúo. Chaval, lo tienes crudo.
En contra del encogimiento
Acerca de los desafíos del yihadismo, Carlos Fernández, militar del mando de operaciones especiales, advierte que «la gente ha de concienciarse de que a su alrededor están sucediendo cosas terribles y que la inteligencia se nutre del análisis y el proceso de la filtración de la información. de modo que si alguien ve que a su vivienda suben extraños, que avise».
Un colegio de administradores de fincas y una secretaría general de igualdad han firmado un convenio para la prevención de un terrorismo escalofriantemente casero: el de la violencia de género. en el caso de extenderse podría ponerse en marcha un arma que cualquiera sabe si sería de destrucción masiva pero que, al tratarse de denuncias colegiadas, generaría menor encogimiento y contribuiría quizá a paliar de una vez esas apariciones tras el crimen donde ante la cámara se suelta el típico «pero si eran estupendos». Hombre, el asesino, estupendo, estupendo… Ya se sabe que levantar el teléfono y alertar sobre lo que se está escuchando genera inquietud. años atrás andaba en el piso de plebe cercana lejos de aquí cuando, entrada la madrugada, escuché gritos en un bloque colindante. todo el mundo estaba frito y no existían los móviles, pero descolgué y llamé a la poli con la duda que acarrea hacerlo desde un número ajeno. lo trasladé a los anfitriones y, aunque sigo siendo bien recibido, se quedaron de aquélla manera. digo yo que si no somos capaces de poner coto a esta historia, ¿cómo vamos a acabar con el Isis?
Hace nada Springsteen estaba tocando en Brisbane. como se sabe tiene la costumbre de subir asistentes al escenario. en esta ocasión le llamó la atención una pancarta que rezaba: «no he ido a clase y estoy en la mierda ahora mismo. ¿Puedo tocar Growing Up contigo? Había que ver la cara de ese chaval junto al rockero de nueva Jersey. igual el Boss, que a pesar de estar en la cumbre lo ha pasado crudo por las comeduras de coco, con esa mano ha evitado una dura caída. ¡Por dios! Que los del 3o izquierda no están en las antípodas.
Amanece que no es poco
Sin embargo, a su madre de noventa y tantos, fue él quien la llamó sabedor de lo que le cuesta marcar y se encontró con un cambio en la fórmula habitual y que, en lugar de escuchar el típico «…y que yo los vea», lo que le resonó al oído fue «que cumplas muchos más, pero no tantos como yo». Por muy razonablemente bien que se esté no parece descabellado que, a esas alturas, el cansancio perpetre una de las suyas y haga mella. Él, por su parte, estaba encarando el tramo inicial de un cambio radical en su vida, y no como veinteañero precisamente, por lo que se encontraba pelín vulnerable. Entonces empezaron a hacer su aparición aquellos con los que ha compartido diferentes épocas: las hermanas, el único tío que le queda en pie, los hijos, el resto de la familia, los amigos, algún que otro compañero de fatigas… Y lo cierto es que, poco a poco, el sinsabor de fondo del delicado momento dentro de la inevitable tarea de recomponerse que en más de una ocasión y de dos toca, fue cambiando de aspecto, respirando aliviado y sintiéndose mejor, pero mucho mejor sin esperarlo siquiera, al advertir que esas felicitaciones que habían podido percibirse como rutinarias en pleno fragor de la batalla, hoy, a otro ritmo, con la pausa necesaria para dedicarles su tiempo y percibir el calado iban convirtiéndose en energía transformadora del estado de ánimo que tan difícil es de domesticar a veces. Con qué poco, que no lo es ni de lejos, estaba siendo capaz de ahuyentar los peores fantasmas. Ahí fue quizá cuando se percató del verdadero valor de lo que se ha ido sumando a pesar de los pesares y que, dada la enorme comprensión de quienes te rodean, adquiere una dimensión descomunal cuando de apoyarse en lo que verdaderamente importa y contar con su apoyo se trata. Se levantó apesadumbrado, con la mosca tras la oreja, con pocas ganas de fiesta como les digo y acabó deseando no hacerle caso esta vez a la madre y batir su récord. Pero, por suerte, ya se sabe que esto no para. Y lo más chocante: que mañana será otro día.