Una sonrisa sobrecogedora

Mi tía Anita era de Ceuta. Siempre hablaba de su tierra con adoración. En las temporadas que pasé más próximo a ella nunca llegó a coger el barco para volver sobre sus pasos que inexorablemente quedaron atrás. El imán de su recuerdo me ha llevado a seguir con mayor afán y enorme pesar las secuencias vividas en torno al puerto y a la ladera del Hacho. Habrá que remontarse como casi siempre a los romanos y avistar los siete montes de la región con sus pertinentes montículos simétricos al estilo de siete hermanos para colegir que de «septem» se llegó al topónimo en cuestión. Desbordamiento de hermanos en complicada hermandad con la situación que les rodea.

     En medio del pertinaz aroma a desastre emerge a las primeras de cambio la figura de Faten Ben Omar el Azizi, una chavala de 20 años, enfundada en la elástica a rayas del Moghreb Atlético de Tetuán, promesa en su género al que tanto había costado abrirse paso en Marruecos, intentando cruzar a nado hasta la ciudad autónoma para poder sacar cabeza lejos de un entorno bajo una una situación desasosegante las fuertes corrientes impidieron que lo consiguiera y, tras ser rescatado, el cadáver recibió sepultura en el cementerio en el que trabajaba desde cría, incluso antes de haber alcanzado la edad permitida. La tragedia no se queda ahí. La madre, después de dar alaridos de dolor recogidas por las redes, relató que horas antes de que su hija se lanzara al agua llegó el aviso de que le habían otorgado el visado en el consulado para viajar a España y cumplir sus sueños acariciando un futuro que donde vino al mundo no veía por ningún lado.

     Para honrar la memoria, el club, su equipo, puso en circulación una imagen distribuida por todos los confines en la que irradia una preciosa sonrisa que sobrecoge tras conocer el final de su aventura, muy similar a la que habitualmente solía irradiar la expresión de mi tía. ¡Cuántas historias sesgadas de criaturas que a dentelladas quieren alcanzar el sueño de intentar ser ellos! Y merodeando sus cuerpos sin reparar en ellos, ¡cuánto aprovechado que acude raudo y veloz al lugar del sufrimiento o que sermonea desde su torre de marfil sin tener ni pajolera idea a ver si le renta la catástrofe! Con su pan se lo coman. 

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