Mazón existe, no fue un mal sueño. Volvió a comparecer en el Congreso a fin de abstenerse de contestar algo reseñable. Bajo citación para explicar sus hipótesis sobre la gestión del fatídico 29 de octubre, todo se lo dijeron a él. La cara lo dejaba claro. ¿Qué? Interiorizado lo tendrá. Los conservadores del estado que presenta el exmandatario fijo que más o menos le dijeron: «Aguanta. Pon cara de póker. No entres al trapo. Tú, el latiguillo. Solo el latiguillo». Hincó los codos, juntó las manos, un par de dedos dispuestos bajo la barba mientras la mayoría cubría por si las moscas esa boca bien cerrada. Que todos supieran la imposibilidad de resquicio alguno por mucho que llegase el turno de Rufián, que llegó. El resuelto lanzador de partituras inmisericordes entró en escena con un par de requiebros dejando de manifiesto lo que le costaba estar allí viendo a un «tipo» que encima «luce buen color». Fue el preámbulo que dio paso a tildarlo de «inútil, negligente, psicópata, homicida imprudente que solo merece estar en la cárcel». La bancada proclive al reo de la situación se alteró contra el fustigador en plan microturba, aspecto que hubieron de reconsiderar al no hacer preguntas el portavoz más o menos independentista limitándose a trasladar aquellas proporcionadas por las víctimas. El destinatario de la angustia y el agobio que envolvían las cuestiones planteadas por los afectados siguió la retahíla imperturbable, sin dejar de clavar la mirada en quien le lanzaba todo ese quejío que era, sin duda, el despiadado de la película, El género humano cuenta con el recurso de sacudirse las culpas y hacerlas recaer sobre quienes le señalan, aunque en algunos casos debe costar lo suyo. Como el documento enviado al juzgado de Catarroja sostiene, «en cualquier caso solamente pudo intervenir a partir de las 20 horas y no hay pruebas de que evitar ese pequeño retraso hubiera salvado vidas». Cualquiera sabe si los integrantes del tesejota que descartaron investigarlo por falta de indicios seguirían la sesión de la Cámara Baja y si se alegrarían del color de cara que presenta el diputado que a día de mañana podría convertirse en senador para continuar bajo resguardo junto a quienes le amparan en este recorrido. A fin de cuentas, siguiendo el curso de su actuación durante la tragedia y el desplegado a continuación con su actual estatus, él no ha hecho nada. Efectivamente, nada de nada.